¿Sin ganas de leer mucho? Date una vuelta por el Tumblr de Su Nombre en Vano
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Tuesday, January 8, 2013

La fe en Les Miserables

Dado que me enfocaba en un tema totalmente aparte en el post anterior, no llegué a mencionar el fuerte contexto cristiano en torno al cual la obra sucede la obra y el cual no me incomoda en lo absoluto. Jean Valjean se convierte en un hombre nuevo gracias al perdón del Monseñor Bienvenu quien, con los dos candelabros que le entrega “compra su alma para Dios”, y es este el motor que guía las acciones de Jean Valjean entonces en adelante. Otro buen ejemplo de ello es cuando Valjean debate el revelarse como tal para salvar a un hombre erróneamente acusado de ser él, y al ver el crucifijo cae en la cuenta de lo mal que haría al simplemente dejar que encarcelen a un inocente.



Por otro lado, la descripción que se da sobre las religiosas que conducen el convento en el cual Valjean y Cosette se esconden por ocho años no es muy halagadora tampoco. Se las muestra como fanáticas que anteponen la devoción a todo, incluso a la familia de las alumnas, haciendo de esta más que un alimento de vida, un peso que deben cargar amargamente. “Estas monjas no son vivaces y alegres” dice Victor Hugo, “sino tristes y taciturnas”.

Más aun, la representación que se hace de Los Amigos del ABC y de la causa revolucionaria deja bien en claro que el cristianismo al cual se hace apología en el libro no pretende ser aquel cancer que busca subyugar a todo y a todos. Al contrario, una imagen tan positiva de los revolucionarios nos hace ver una búsqueda de un mundo mejor con un tono bastante secular, búsqueda en la cual entra Valjean con sus propias motivaciones, siempre buenas y cristianamente dirigidas, pero sin afectar el desarrollo de esta.

[SPOILER] Terminar de leer el libro lo deja a uno con una melancolía tremenda al ver a Valjean morir, aún luego de que Cosette y Marius reconozcan todo lo que hizo en su vida. Es un final triste y emotivo, que no podía ser un final de cuento de hadas en el que el abuelo vivía para ver a sus nietos y ser feliz finalmente con su familia (aunque no voy a negar que me habría gustado ver ese final). Sin embargo, en el musical vemos a Fantine recoger a Jean Valjean y llevarlo a donde las almas van luego de morir. Emotivo también, puesto que el reconocimiento que Valjean recibe si bien no es de Cosette y Marius, viene de aquella a quien le hizo la promesa de cuidar a Cosette, Fantine. Y junto a Fantine lo esperan todos aquellos que murieron luchando contra las tristes circunstancias que los rodearon. Enjolras, Courfeyrac, Gavroche y Eponine están ahí cantando, “Do you hear the people sing, singing the song of angry men…” Me habría gustado ver a Javert ahí también para reconciliarse con Valjean. Todos se reunen en el “afterlife”, que, a pesar de ser una idea de la cual no tenemos prueba alguna, ciertamente es agradable.

Algo parecido me sucedió con el final de Lost. No faltó el amigo al cual el final le pareció una propaganda cristiana tremenda y que arruinó mucho de las expectativas que tenía. Para mí no fue así; yo creo que entendí el final  dentro del universo de Lost y de las motivaciones y sentimientos de los personajes y si bien no fue el mejor final de serie que haya visto, me dejó con una sensación de cierre que me bastó para poder avanzar.

Quien lee Les Miserables se verá a cada rato enfrentado con la fe que mueve las acciones de Jean Valjean, así como el recuerdo del Monseñor Bienvenu (quien es realmente el que pone en marcha todo lo que sucede en la obra). Podría decirse que es una alegoría a que es necesaria una intervención divina para que todo el bien del que es capaz la humanidad pueda llegar a concretarse. Pero aun si fuera así, Les Miserables no deja de ser una gran obra, muy por encima de sus encarnaciones en pantalla grande o en las tablas. Que represente el cristianismo bajo una buena luz no le quita realmente nada, más aun si consideramos el tiempo y el lugar en que fue escrita.

Un caso similar tenemos en Jules de Pulp Fiction, otro personaje muy entrañable de la película, el cual no llega a caer antipático a pesar de estar convencido de que Dios mismo bajó del cielo a salvarles la vida a él y a Vincent. Jules puede hablar de Dios, estar convencido de que lo que le sucedió fue una intervención divina y aún así verlo salir del restaurante con la pistola en sus shorts nos hace querer aplaudirlo.

En fin, he ahí una obra que incluye la fe humana en lo divino dentro de su narrativa sin que esto la haga criticable. Y sabiendo esto, podemos usarlo para recordarnos que la presencia del elemento divino en una persona no es necesariamente un detrimento a su personalidad o calidad como tal. Podemos estar en total desacuerdo, podemos considerar esas creencias como un cuento de hadas, pero eso no quita que podamos sentarnos en un restaurante a conversar amigablemente mientras comemos un cebichito. Por supuesto, eso no significa dejar de criticar lo criticable o dejar de establecer una línea entre lo real y lo irreal.

Monday, May 9, 2011

La Hora De La Verdad: Cuando un Nóbel le dice sus verdades a un Cardenal

Para pocos es desconocido lo despreciable y cínico que es el Cardenal Juan Luis Cipriani especialmente cuando se trata de asuntos de derechos humanos y salud reproductiva, asuntos en los cuales el cardenal sigue los anquilosados lineamientos de la rama más conservadora de la iglesia católica (o sea, la que tiene la sartén por el mango). Y usando el poder que tiene como cardenal y máxima autoridad de la iglesia católica en el Perú, se da la libertad de ladrar a los cuatro vientos sus ideas, y así también, callar las que no le convienen. Y considerando lo cucufato que es el Perú, muy pocos medios o personajes se animan a decirle sus verdades.

Afortunadamente existe Mario Vargas Llosa.

En su última columna, Vargas Llosa le da con palo al cardenal Cipriani por apoyar abiertamente la candidatura de Keiko Fujimori, quien lleva en su carrera a la presidencia muchos de los mismos ideales y equipo técnico de su padre, quien purga una condena por violación de derechos humanos, entre otras cosas.

La hora de la verdad

Aunque no soy creyente, tengo muchos amigos católicos, sacerdotes y laicos, y un gran respeto por quienes tratan de vivir de acuerdo con sus convicciones religiosas. El cardenal Juan Luis Cipriani, arzobispo de Lima, en cambio, me parece representar la peor tradición de la Iglesia, la autoritaria y oscurantista, la del Index, Torquemada, la Inquisición y las parrillas para el hereje y el apóstata, y su reciente autodefensa, Los irrenunciables derechos humanos, publicada el 1 de mayo en Lima, justifica todas las críticas que en nombre de la democracia y los derechos humanos recibe con frecuencia y, principalmente, de los sectores católicos más liberales.

Este primer párrafo es excelente. Vargas Llosa afirma su falta de creencia en Dios, sin que eso melle su amistad con quienes sí lo hacen, y a la vez le da un tremendo palazo a Cipriani. Sin embargo, me parece que Vargas Llosa pretende deslindar la "mala" iglesia católica de los católicos "buenos", los liberales, haciendo a Cipriani representar a los primeros. Sin embargo, si comparamos a Cipriani con Ratzinger, el lider absoluto de la iglesia, vemos que no andan muy lejos. Los católicos "buenos" de Vargas Llosa pasarían así a ser para la iglesia católicos mediocres, que no tienen a suficiente convicción que tiene Cipriani o los conservadores de esa misma camada para obedecer y vivir las enseñanzas de la iglesia católico.

Particularmente, creo que esos "católicos no practicantes" que podrían ser hipócritas a los ojos de Ratzinger y Cipriani, en generan son gente bastante agradable que no jode y vive su vida tranquila.

En su texto, desmiente que dijera jamás que "los derechos humanos son una cojudez" (palabrota peruana equivalente a la española gilipollez) y afirma que, en realidad, a quien aplicó tal grosería fue sólo a la Coordinadora de Derechos Humanos, una institución dirigida por una ex religiosa española, Pilar Coll, que durante los años de las grandes matanzas perpetradas por la dictadura fujimorista llevó a cabo una admirable campaña de denuncia de los crímenes, torturas y desapariciones que se cometían con el pretexto de la lucha contra Sendero Luminoso. (La Comisión de la Verdad, que presidió el ex rector de la Pontificia Universidad Católica del Perú, Salomón Lerner, ha documentado estas atrocidades).

El cardenal Cipriani desmiente, además, que durante la dictadura hubiera guardado silencio frente a uno de los crímenes colectivos más abyectos cometidos por Fujimori y sus cómplices: la esterilización, mediante engaños, de unas 300.000 campesinas a las que, por orden del dictador, los equipos del Ministerio de Salud ligaron las trompas o castraron, asegurándoles que se trataba de simples vacunas o de una medida que sólo temporalmente les impediría concebir. ¿Cómo es que nadie se enteró en el Perú de que el arzobispo había encontrado reprobables estos atropellos? Porque en vez de protestar públicamente ¡se limitó a hacerlo en privado, es decir, susurrando con discreción su protesta en el pabellón de la oreja del dictador!

El cardenal no suele ser tan discreto cuando se trata de protestar contra los preservativos y no se diga el aborto, o, para el caso, contra quienes en esta segunda vuelta de las elecciones peruanas apoyamos a Ollanta Humala. Por ejemplo, por haberlo hecho yo, me ha amonestado de manera estentórea y nada menos que desde el púlpito de la catedral de Lima, durante un oficio. Me ha pedido "más seriedad" y ha clamado que cómo me atrevo a dar consejos por quién votar a los peruanos. El cardenal está nervioso y olvida que todavía hay libertad en el Perú y que cualquier ciudadano puede opinar sobre política sin pedirle permiso a él ni a nadie. (Claro que las cosas cambiarán si sale elegida la señora Fujimori, la candidata a la que él bendecía en aquel mismo oficio en el que me prohibía opinar).

Previamente Vargas Llosa había afirmado que tener que elegir a Keiko o Humala sería como elegir entre el cáncer y el sida. Lamentablemente las circunstancias obligarán a los votantes a hacerlo, y considerando lo vergonzoso que es el tropezarse con la misma piedra, puedo entender que Vargas Llosa le dé su apoyo a Humala, pues es evidente que lo hace con bastante asco. Lo siento, pero yo no puedo hacer eso. Yo aun tengo muy en cuenta lo que significa Humala. Si tuviera que votar lo haría viciado.

No sólo el arzobispo de Lima se excede en estos días de campaña y guerra sucia en el Perú. Una connotada fujimorista, también del Opus Dei, como monseñor Cipriani, Martha Chávez, ha amenazado públicamente al presidente del Poder Judicial, el doctor César San Martín, eminente jurista que presidió el Tribunal que condenó a 25 años de cárcel a Fujimori por crímenes contra los derechos humanos, con esta frase profética: "Tendrá que responder en su momento".

A veces a uno le entran dudas, pero siempre sale algo que confirma lo despreciable que es la gentita del Opus Dei.

Pero acaso lo más inquietante sean los intentos de purgar a los medios de comunicación, principalmente los canales de televisión, de periodistas independientes y probos, que se resisten a convertirse en propagandistas de la candidatura de la hija del ex dictador. El caso más sonado ha sido el de Patricia Montero, productora general, y José Jara, productor de un noticiero, ambos del Canal N, despedidos, según ha denunciado la primera de ellos, porque los directivos estimaron que habían "humanizado" al candidato Humala en los boletines (¿pretendían que lo animalizaran, más bien?). Estos despidos han provocado una verdadera tempestad de críticas, entre ellas de los más prestigiosos periodistas del propio Canal N, en defensa de sus colegas, y amenazas de renuncias masivas en caso de que continúe la caza de brujas. Lo cual parece haber paralizado por el momento el despido de la prestigiosa y experimentada periodista del Canal 4, Laura Puertas, a quien se reprocha también, por lo visto, padecer de total ineptitud para el servilismo.

Finalmente, una denuncia publicada el miércoles 4 de mayo en el diario La Primera, que dirige César Lévano, precisa que el gobierno, apoyado por empresarios mineros, habría encargado a los servicios de inteligencia del Estado un Plan Sábana, destinado a destruir la campaña de Ollanta Humala con los métodos delictuosos -espionaje telefónico, operaciones calumniosas y escandalosas filtradas a la prensa para minar su prestigio y el de su entorno familiar utilizando mercenarios y provocadores- con que, en 1990, el gobierno conspiró contra mí cuando yo fui candidato a la Presidencia. La denuncia proviene, al parecer, de militares y civiles del servicio de inteligencia indignados de que se los utilice para fines políticos ajenos a su misión específica.

Todo esto merece una reflexión. Si estas cosas comienzan a ocurrir ahora, en plena campaña electoral, ¿no es fácil imaginar lo que sucedería en el caso de que la señora Fujimori ganara las elecciones y la dictadura fuji-montesinista recuperara el poder oleada y sacramentada por los votos de los peruanos? Los periodistas decentes y responsables expulsados de sus puestos no serían cinco (también han sido despedidos tres de Radio Líder, Arequipa) sino decenas, y las radios, los canales y los periódicos convertidos, como lo estuvieron durante los ocho años de oprobio que vivió el Perú, en órganos de propaganda encargados de justificar todas las tropelías y tráficos del poder y de cubrir de injurias y calumnias a sus críticos. No sólo el doctor César San Martín sería víctima de su probidad y entereza magisterial. Todo el Poder Judicial se vería una vez más sometido a una criba implacable para apartar de sus cargos, o reducirlos a la total inoperancia, a los jueces que se resistieran a ser meros instrumentos dóciles del gobierno. Reparticiones públicas, Fuerzas Armadas, empresas privadas, serían, otra vez, incorporadas al sistema autoritario para que, de nuevo, el país entero quedara a merced del puñadito de forajidos que, entre los años 1990 y 2000, perpetró el más espectacular saqueo de las arcas públicas y los más horrendos crímenes contra los derechos humanos de nuestra historia.

Quienes quieren semejante futuro para el Perú no son muchos, pero sí son poderosos y, como están asustados con la perspectiva de que Humala gane las elecciones y cometa los desafueros y horrores de Hugo Chávez en Venezuela, están dispuestos a cualquier cosa con tal de asegurar el triunfo de Keiko Fujimori. Extraordinaria paradoja: con tal de evitar el socialismo, que venga el fascismo. ¡Y todo eso, en nombre de la libertad, de la democracia y del mercado libre!


Yo no creo que haya nada que le garantice al Perú que Humala no se hará también un fascista, con más salsa roja tal vez, pero fascista al fin y al cabo. Lo que entiendo sí, es que elegir a Keiko es legitimar todo lo que hizo el gobierno fujimorista durante los 90s. Humala tranquilamente podría hacerse del poder absoluto, bajo pretexto de que "el modelo anterior no ha funcionado, ahora vamos a hacer algo que funcionará, les guste o no".

En verdad, la disyuntiva que tiene por delante el Perú en las elecciones del 5 de junio próximo, es la de salvaguardar la imperfecta democracia política que tenemos desde hace 10 años y una política de mercado y de apertura al mundo que ha hecho crecer nuestra economía de manera notable, o volver a un régimen dictatorial que, guardando ciertas formas institucionales, restablecería en el gobierno a quienes, en complicidad con Fujimori y Montesinos, destruyeron el Estado de derecho, se enriquecieron cometiendo las más descaradas pillerías y durante ocho años perpetraron horrendos crímenes con el pretexto de combatir la subversión. A mi juicio en semejante disyuntiva la peor opción es Keiko Fujimori.

Ollanta Humala ha hecho un "Compromiso con el Pueblo Peruano" que conviene tener muy presente, no sólo a la hora de votar por él, sino sobre todo una vez que acceda al gobierno, para recordárselo cada vez que parezca apartarse de alguna de sus promesas. No habrá reelección. Se cumplirá con los tratados firmados, no habrá estatizaciones, se respetará el derecho de propiedad y las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFPs), la lucha contra la corrupción será implacable, habrá una política de apoyo social sostenida, sobre todo en los campos de la educación y la salud pública, para los sectores más desfavorecidos, así como estímulos y facilidades para la formalización de las empresas. El respeto al pluralismo informativo, a la independencia de la prensa y al derecho de crítica será total. Estos puntos han sido expresados, además, de viva voz, en las reuniones que ha celebrado el candidato con la confederación de empresarios y las asociaciones de prensa. Todo esto es perfectamente compatible con la democracia y con las políticas de mercado vigentes y tiende a perfeccionarlas, no a recortarlas ni menos suprimirlas. No sólo depende de la voluntad de Ollanta Humala que este compromiso se cumpla. Depende, sobre todo, de que quienes lo apoyemos en la elección del 5 de junio dejemos claro que es a estas políticas a las que damos nuestro apoyo y que nos mantendremos firmes exigiendo su cumplimento


Cabe agregar que a estas alturas aun existen quienes pretendan descalificar a Mario Vargas Llosa por una serie de razones que más parecen manotazos de ahogado del que no tiene más argumento que el ladrido rabioso. "Que Vargas Llosa es un español", cuando sus obras reflejan un profundo conocimiento y análisis del Perú. "Que Vargas Llosa es un neoliberal" cuando reconoce lo bueno del libre comercio, pero siempre antepone los derechos humanos a este, por ejemplo, al apoyar a Humala antes que a Keiko. "Que Vargas Llosa es un resentido contra Fujimori", cuando cualquiera con dos dedos de frente estaría resentido ante la corrupción que generó ese régimen. "Que Vargas Llosa no cree en Dios" cuando... esto no tengo siquiera que explicarlo.

Thursday, January 27, 2011

Los curas, Vargas Llosa y el matrimonio gay

Se avecinan elecciones en Perú y ya varios candidatos han empezado a mostrar sus cartas. Como es de esperarse en un mundo que apunta hacia el futuro, una de estas es la del matrimonio homosexual. Y como es de esperarse, los anacrónicos representantes de la iglesia católica han hecho escuchar sus intolerantes ladridos dejando bien en claro su deseo de perpetuar a los gays como ciudadanos de segunda clase.

El cabecilla de la iglesia católica en el Perú, el cardenal Juan Luis Cipriani, empezó declarando que el matrimonio es de uno y una para toda la vida, aunque haya gente que proponga diversas cosas, no son católicas, no están en el orden natural, por lo tanto debemos seguir promoviendo y respetando esa institución del matrimonio. No se debe rebajarlo ofreciéndolo como ganga política para ver quien se suma”; esto ante la propuesta del partido Perú Posible de considerar la unión entre dos personas del mismo sexo.

Obviamente para Cipriani no existe una separación entre iglesia y estado, y definitivamente el concepto de estado laico no existe en su mente. El cardenal cree que, como en la colonia, todo el Perú es católico, o debería serlo.

Más aun, luego añadiría que "el que quiera que haya aborto que lo diga, el que quiera matrimonio gay que lo digan, para que los votantes sepan a quién dan su voto". Por alguna razón pienso que esto no va con afán informativo, sino simplemente con la idea de saber hacia quién apuntar los misiles eclesiásticos.

Pero la cosa no quedó ahí. El obispo Luis Bambarén, demostrando la clásica malcriadez e intolerancia de la iglesia católica, sostiene que a los homosexuales deberían dejar de decirseles “gays” para usar el término “maricones”, pues así se les dice "en criollo".

Si es así, entonces podemos empezar a dejar de decirles "sacerdotes" a estos, y empezar con "protectores de pedófilos".

Ante tanta basura, cortesía de la iglesia católica, siempre es bueno refrescar la mente con algo más intelectual, centrado y, enfrentémoslo, sensato. En el 2005 Mario Vargas Llosa escribió un excelente artículo sobre el matrimonio gay.

El matrimonio gay
Por Mario Vargas Llosa

Luego de Holanda y Bélgica, España será en estos días el tercer país en el mundo que habrá legalizado el matrimonio entre personas del mismo sexo, con todos los deberes y derechos incluidos, entre ellos el de poder adoptar niños. Es un extraordinario paso adelante en el campo de los derechos humanos y la cultura de la libertad que muestra, de manera espectacular, cuánto y qué rápido se ha modernizado esta sociedad donde, recordemos, hace unos cuantos siglos los homosexuales eran quemados en las plazas públicas y donde, todavía en los tiempos de la dictadura de Franco, la homosexualidad era considerada un delito y reprimida como tal.

Esta medida es un acto de justicia, que reconoce el derecho de los ciudadanos a elegir su opción sexual en ejercicio de su soberanía, sin ser discriminados ni disminuidos por ello, y que reconoce a las parejas homosexuales el mismo derecho de unirse y formar una familia y tener descendencia que las leyes reconocen a las parejas heterosexuales. Aunque esta medida constituye un desagravio a una minoría sexual que a lo largo de la historia ha sido objeto de persecuciones y marginaciones de todo orden, obligando, a quienes la conformaban, a vivir poco menos que en la clandestinidad y en el permanente temor al descrédito y al escándalo, ella no bastará para cancelar de una vez por todas los prejuicios y falacias que demonizan al homosexual, pero, sin la menor duda, constituye un gran avance hacia la lenta, irreversible aceptación por el conjunto de la sociedad -por la gran mayoría, al menos- de la homosexualidad como una manifestación perfectamente natural y legítima de la diversidad humana.


La ley, como era lógico que ocurriera, ha tenido adversarios encarnizados y ha generado movilizaciones diversas, entre ellas, en Madrid, una multitudinaria manifestación, convocada por distintas asociaciones católicas, respaldada por la jerarquía de la Iglesia, a la que asistieron dieciocho obispos y a la que dio su respaldo el Partido Popular, el principal partido de la oposición al Gobierno de Rodríguez Zapatero. Pero todas las encuestas son inequívocas: casi dos terceras partes de los españoles aprueban el matrimonio gay, y, aunque esta aprobación disminuye algo en las adopciones de niños por las parejas homosexuales, también este aspecto de la ley es convalidada por una mayoría. Buen indicio de que la democracia ha echado raíces en España y de que, por más denostada que esté de la boca para afuera, la cultura liberal va impregnando poco a poco a la sociedad española.


Los argumentos contra el matrimonio gay no resisten el menor análisis racional y se deshacen como telarañas cuando se los examina de cerca. Uno de los más utilizados ha sido el de que, con esta medida, se da un golpe de muerte a la familia. ¿Por qué? ¿De qué manera? ¿No podrán seguir casándose y teniendo hijos todas las parejas heterosexuales que quieran hacerlo? ¿Alguien, con motivo de esta nueva ley, va a forzar a alguien a no casarse o a casarse de manera distinta a la tradicional? Por el contrario, la ley, al permitir a las parejas gays contraer matrimonio y adoptar niños, va a inyectar una nueva vitalidad a una institución, la familia, que -¿alguien no lo ha advertido todavía?- padece desde hace ya un buen tiempo una profunda crisis en la sociedad occidental, al extremo de que, contabilizando el número de divorcios que crece cada año y la multiplicación de parejas de hecho que rehúsan resueltamente pasar por el altar o por el registro civil, hay quienes le auguran una obsolescencia irremediable. La paradoja es que, probablemente, sólo entre los homosexuales, que, como todas las minorías perseguidas desean ardientemente salir del gueto en que la sociedad los ha confinado, despierta la familia esa ilusión y ese respeto que en un número muy grande de heterosexuales, sobre todo entre los jóvenes, parece haber perdido. Por eso, no hay ninguna ironía en decir -yo lo creo firmemente- que es muy posible que, dentro de veinte o treinta años, las familias más estables las descubran las estadísticas entre los matrimonios gays.


Un prejuicio idéntico sostiene que los niños adoptados por parejas homosexuales sufrirán y tendrán una formación deficiente y anómala, ya que un niño para ser "normal" necesita un padre y una madre, no dos padres o dos madres. A esta afirmación dogmática y sin el menor sustento psicológico, ha respondido Edurne Uriarte de manera inmejorable: un niño lo que necesita es amor, no abstracciones. También padecen de una ceguera contumaz quienes no se han enterado de que, entre las parejas heterosexuales, cada día se descubren casos atroces de violencias ejercidas contra los niños, y, entre ellas, sinnúmero de abusos sexuales. Que los padres sean hetero u homosexuales no presupone de por sí nada; cada pareja es única y puede ser admirable o tiránica, amorosa o cruel en lo que concierne a la educación de sus hijos. Y también en este campo cabe suponer que entre quienes han luchado tanto por poder adoptar niños, ahora que lo han adquirido, asumirán este derecho con ilusión y responsabilidad.


En verdad, detrás de todos estos argumentos no hay razones, sino prejuicios inveterados, una repugnancia instintiva hacia quienes practican el amor de una manera que siglos de ignorancia, estupidez, oscurantismo dogmático y retorcidos fantasmas del inconsciente, han satanizado llamándolo "anormal". En verdad, la ciencia -la biología, la antropología, la psicología, la historia, sobre todo- ha puesto las cosas en su sitio ya hace tiempo y establecido que hablar de "anormalidad" en el dominio de la vocación sexual de los seres humanos es riesgoso y alienante. Salvo casos extremos, que entrañan criminalidad, y que de ninguna manera se pueden identificar con una opción sexual específica, en el universo del sexo hay variedades, una constelación de vocaciones y predisposiciones de las que de ninguna manera da cuenta cabal la demarcación entre heterosexualidad y homosexualidad, pues se refracta y multiplica en el seno de cada una de estas grandes opciones, como ocurre en tantos otros campos de la personalidad individual: las aptitudes, las preferencias, los gustos, las incompatibilidades, las facultades físicas e intelectuales, etcétera.


El Gobierno que ha dado esta ley en España es socialista y hay que reconocerle todo el mérito que ello tiene. Pero, para evitar confusiones, conviene re-cordar que se trata de una medida de profunda entraña democrática y liberal, y nada socialista. El socialismo ha sido a lo largo de toda su historia, en materia sexual, tan puritano y prejuicioso como la Iglesia católica. Si de él hubiera dependido, la gazmoñería y la pudibundez hubieran dictado la norma aceptable en materia de costumbres sexuales y ésta se hubiera impuesto a la sociedad por la fuerza. Por eso, en las sociedades comunistas, la discriminación y persecución del homosexual fue, en ciertos periodos, tan feroz como en la Alemania nazi, donde en las cámaras de la muerte de los campos de concentración perecieron muchos millares de homosexuales. También en el Gulag soviético padecieron y murieron gran número de seres humanos cuyo único delito era practicar una opción sexual que la "ciencia comunista" del temible Pavlov consideraba una perversión "urbano-burguesa". Carlos Franqui cuenta en alguna parte que, cuando él, como director del diario Revolución, asistía a los consejos de ministros de Cuba, a principio de los años sesenta, Fidel y sus lugartenientes preguntaron a los "países hermanos" qué política aconsejaban para enfrentar "el problema homosexual". La respuesta de la China Popular de Mao Tse Tung fue la más meridiana: "Ya no tenemos ese problema. Los fusilamos a todos". Sin llegar a esos extremos, Fidel creó las UMAP (Unidades Movilizables de Apoyo a la Producción), es decir, campos de concentración donde eran acarreados homosexuales de ambos sexos junto con criminales comunes y disidentes políticos.

Han sido las sociedades democráticas, impregnadas de cultura liberal, como los países escandinavos y los Estados Unidos, donde se ganaron las primeras batallas contra la discriminación de los gays y donde, poco a poco, se les ha ido reconociendo tal cual son: seres humanos normales y corrientes cuya opción sexual debe ser aceptada y reconocida como perfectamente legítima por el conjunto de la sociedad.

Es difícil, para mí, entender las razones por las que el Partido Popular ha apoyado la manifestación contra el matrimonio gay. Aunque es verdad que su dirigente máximo no asistió, y que tampoco estuvieron presentes sus principales líderes, que el partido la hubiera respaldado sólo puede haber contribuido a confundir y lastimar no sólo a los homosexuales que hay en sus filas sino, sobre todo, a su sector liberal, y a dar argumentos a quienes lo presentan como una formación política ultraconservadora. El oportunismo político da beneficios muy pasajeros y superficiales. Hay muchas razones para criticar al Gobierno de Rodríguez Zapatero. Su desastrosa política internacional, por ejemplo, que ha abolido a España de la escena mundial, donde llegó a tener influencia y a figurar entre los países de vanguardia. Sus ventas de armas al Gobierno demagógico del comandante Chávez, en Venezuela, que alienta y subvenciona grupos subversivos. Su acercamiento, que linda con la alcahuetería, a la satrapía de Fidel Castro, a la que trató de salvar de la condena que ha merecido de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. O sus concesiones sistemáticas a los nacionalismos, que rompen una tradición de defensa de la unidad de España del socialismo democrático de la que el Gobierno de Felipe González nunca se apartó. Pero no tiene sentido atacar a un Gobierno por todo lo que hace y, mucho menos, por haber hecho avanzar, con esta ley, la democratización y modernización de la sociedad española.

Monday, October 11, 2010

Cipriani: Cobardía e Hipocresía. Por Mario Vargas Llosa

Este artículo apareció el 12 de diciembre de 2002 en el diario El País. El reciente Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa hace notar su rechazo antes las políticas de ese sátrapa que ocupa el lugar de Cardenal en el Perú, Juan Luis Cipriani

Cobardía e Hipocresía

EL cardenal Juan Luis Cipriani, arzobispo de Lima, habla a veces con una claridad tremante. En su homilía del 24 de noviembre, en la catedral de Lima, por ejemplo, llamó `cobardes e hipócritas' a los legisladores peruanos que, dos meses antes, habían considerado, en la revisión de la Constitución que se halla en marcha, exceptuar, dentro de la prohibición del aborto que consigna la carta constitucional, los casos en que el parto pondría en peligro la vida de la madre.

El Presidente de la Conferencia Episcopal del Perú, monseñor Luis Bambarén -quien, a diferencia de Cipriani, tiene unas sólidas credenciales de lucha en favor de los derechos humanos en la historia reciente del Perú- se apresuró a pedir excusas a los congresistas peruanos por el insulto, y, reiterando la oposición de la Iglesia católica al aborto, explicó que aquel exabrupto no comprometía a la Institución, sólo a su exaltado autor.

Juan Luis Cipriani no pasará a la historia por su vuelo intelectual, del que, a juzgar por sus sermones, está un tanto desprovisto, ni por su tacto, del que adolece por completo, sino por haber sido el primer religioso del Opus Dei en obtener el capelo cardenalicio, y por su complicidad con la dictadura de Montesinos y Fujimori, a la que apoyó de una manera que sonroja a buen número de católicos peruanos, que fueron sus víctimas y la combatieron. La frase que lo ha hecho famoso es haber proclamado, en aquellos tiempos siniestros en que la dictadura asesinaba, torturaba, hacía desaparecer a opositores y robaba como no se ha robado nunca en la historia del Perú, que `los derechos humanos son una cojudez' (palabrota peruana equivalente a la española `gilipollez'). Porque el cardenal Cipriani es un hombre que, cuando se exalta -lo que le ocurre con cierta frecuencia- no vacila en decir unas palabrotas que, curiosamente, en su boca tienen un retintín mucho más cómico que vulgar.

Nadie puede regatearle al arzobispo de Lima su derecho a condenar el aborto, desde luego. Éste es un tema delicado, que enciende los ánimos y provoca la beligerancia verbal -y a veces física- en los países donde se suscita, pero sería de desear que los prelados de la Iglesia que tienen posiciones tan rectilíneas y feroces sobre el tema del aborto, y no vacilan en llamar `asesinos', como él lo ha hecho, a quienes estamos en favor de su despenalización, mostraran una cierta coherencia ética en sus pronunciamientos sobre este asunto.

A quienes estamos a favor de la despenalización jamás se nos ocurriría proponer que el aborto fuera impuesto ni obligatorio, como lo fue en China Popular hasta hace algunos años, o en la India, por un breve período, cuando era Primera Ministra la señora Indira Gandhi. Por el contrario; exigimos que, como ocurre en Inglaterra, España, Francia, Suiza, Suecia y demás democracias avanzadas de Europa occidental, donde la interrupción de la maternidad está autorizada bajo ciertas condiciones, ésta sólo se pueda llevar a la práctica después de comprobar que la decisión de la madre al respecto es inequívoca, sólidamente fundada, y encuadrada dentro de los casos autorizados por la ley. A diferencia de esos fanáticos que en nombre de `la vida' incendian las clínicas donde se practican abortos, acosan y a veces asesinan a sus médicos y enfermeras, y quisieran movilizar a la fuerza pública para obligar a las madres a tener los hijos que no quieren o no pueden tener (aunque sean producto de una violación o en ello les vaya la vida), quienes defendemos la despenalización no queremos obligar a nadie a abortar: sólo pedimos que no se añada la persecución criminal a la tragedia que es siempre para una mujer verse obligada a dar ese paso tremendo y traumático que es interrumpir la gestación.

Desde luego que sería preferible que ninguna mujer tuviera que verse impelida a abortar. Para ello, por lo pronto es indispensable que haya una política avanzada de educación sexual entre los jóvenes y que el Estado y las instituciones de la sociedad civil suministren información y ayuda práctica para la planificación familiar, algo a lo que la Iglesia católica también se opone. Desde luego, la planificación familiar sólo puede consistir en facilitar una información sexual lo más amplia y objetiva posible, y una ayuda a quien la solicita, pero de ninguna manera en inducir, y mucho menos en imponer por la fuerza a las mujeres una determinada norma de conducta en torno a la gestación y el alumbramiento.

La dictadura de Fujimori y de Montesinos no lo entendió así. Estaba a favor de la `planificación familiar' y la puso en práctica, con una crueldad y salvajismo sólo comparables a las castraciones y esterilizaciones forzosas que llevaron a cabo los nazis contra los judíos, negros y gitanos en los campos de concentración. Los agentes de salud -enfermeras y médicos entre ellos- de la dictadura que asoló el Perú entre 1990 y 2000, se valían de estratagemas farsescas, en las campañas que llevaban a cabo en comunidades y aldeas campesinas, principalmente andinas, aunque también selváticas y costeñas, como convocar a las mujeres a vacunarse o a ser examinadas gratuitamente. En verdad, y sin que nunca se enteraran de ello, eran castradas. De este modo fueron esterilizadas más de 300 mil mujeres, según ha revelado una investigación parlamentaria. Fujimori seguía de cerca esta operación -en la que perecieron desangradas o por infecciones millares de campesinas- de la que le informaba semanalmente el Ministerio de Salud.

¿Dónde estaba el furibundo arzobispo de Lima mientras la dictadura de sus simpatías perpetraba, con alevosía y descaro, este crimen de lesa humanidad contra cientos de miles de mujeres humildes? ¿Por qué no salió entonces a defender `la vida' con las destempladas matonerías con que sale ahora a pedir a Dios `que no bendiga' a quienes perpetran abortos? ¿Por qué no ha dicho nada todavía contra esos cobardes e hipócritas funcionarios del fujimorato que perpetraron aquellos crímenes colectivos valiéndose del engaño más innoble para cometerlos?

Las organizaciones feministas le han recordado al arzobispo Cipriani que unos 350 mil abortos `clandestinos' se llevan a cabo anualmente en el Perú. Y pongo clandestinos entre comillas pues, en realidad, no lo son. La periodista Cecilia Valenzuela mostró, en su programa `Entre líneas', la misma noche de la homilía del cardenal, un espeluznante reportaje sobre el `aborto clandestino' en el que aparecían dantescas imágenes de fetos arrojados en las playas de Lima, y avisos publicitarios, en muchos periódicos locales, de comadronas y aborteros que ofrecían al público servicios de `raspados' y `amarre de trompas', sin el menor disimulo. Ésta es una realidad que el Estado no puede soslayar: cientos de miles de mujeres se ven obligadas a abortar y lo hacen en condiciones que reflejan la abismal disparidad social y económica de la sociedad peruana. En el Perú, como en la mayor parte de los países que penalizan el aborto, las mujeres de la clase media y alta abortan en clínicas y hospitales garantizados, y por mano de médicos diplomados. Las pobres -la inmensa mayoría-, en cambio, lo hacen en condiciones misérrimas en las que a menudo la madre se desangra y muere a causa de la falta de higiene y de infecciones. La despenalización del aborto no persigue estimular su práctica; sólo paliar y dar un mínimo de seguridad y cuidado a un quehacer desgraciadamente generalizado y cuyas víctimas principales son las mujeres de escasos recursos. No es inhumanidad y crueldad lo que lleva a innumerables madres a interrumpir el embarazo: es el espanto de traer al mundo niños que llevarán una vida de infierno debido a la miseria y la marginación.

La Iglesia católica tiene todo el derecho de defender su rechazo del aborto y de pedir a los creyentes que no lo practiquen. Pero no tienen derecho alguno de prohibir a quienes no son católicos actuar de acuerdo a sus propios criterios y a su propia conciencia, en una sociedad donde, afortunadamente, el Estado es laico, y -por el momento, al menos-, democrático. La discusión sobre dónde y cuándo comienza la vida no es ni puede ser `científica'. Decidir si el embrión de pocas semanas es ya la vida, o si el nasciturus es sólo un proyecto de vida, no es algo que los médicos o los biólogos decidan en función de la ciencia. Eso es algo que deciden en función de su fe y sus convicciones, como nosotros, los legos. Con el mismo argumento que los partidarios de la penalización proclaman que el embrión es ya `la vida' podría sostenerse que ella existe todavía antes, en el espermatozoide y que, por lo tanto, el orgasmo de cualquier índole constituye un verdadero genocidio. Por eso, en las democracias, es decir en los países más civilizados del mundo, donde impera la ley y la libertad existe, y los derechos humanos se respetan y la violencia social se ha reducido más que en el resto del mundo, esa discusión ha cedido el paso a una tolerancia recíproca donde cada cual actúa en este campo de acuerdo a sus propias convicciones, sin imponérselas a los que no piensan igual, mediante la amenaza, la fuerza o el chantaje. Y en ellos se reconoce que la decisión de tener o no tener un hijo es un derecho soberano de la madre sobre la que nadie debe interferir, siempre y cuando aquella decisión la madre la adopte con plena conciencia y dentro de los plazos y condiciones que fija la ley. Si alguna vez el país en el que nací alcanza los niveles de civilización y democracia de Inglaterra, Suecia, Suiza y (ahora) España, para citar sólo los que conozco más de cerca, ésta será también la política que terminará por imponerse en el Perú. (Ya sé que falta mucho para eso y que yo no lo veré).

Una última apostilla. Cada vez que se le afea su conducta ciudadana y sus úcases políticos, el arzobispo de Lima blande la cruz y, envuelto en la púrpura, clama, epónimo: `¡No ataquen a la Iglesia de Cristo!' Nadie ataca a la Iglesia de Cristo. Yo, por lo menos, no lo hago. Aunque no soy católico, ni creyente, tengo buenos amigos católicos, y entre ellos, incluso, hasta algunos del Opus Dei. Tuve un gran respeto y admiración por el antiguo arzobispo de Lima, el cardenal Vargas Alzamora, que defendió los derechos humanos con gran coraje y serenidad en los tiempos de la dictadura, y que fue una verdadera guía espiritual para todos los peruanos, creyentes o no. Y lo tengo por monseñor Luis Bambarén, o por el padre Juan Julio Wicht, el jesuita que se negó a salir de la embajada del Japón y prefirió compartir la suerte de los secuestrados del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, y por el padre Gustavo Gutiérrez, de cuyo talento intelectual disfruto cada vez que lo leo, pese a mi agnosticismo. Ellos, y muchos otros como ellos entre los fieles peruanos, me parecen representar una corriente moderna y tolerante que cada vez toma más distancia con la tradición sectaria e intransigente de la Iglesia -la de Torquemada y las parrillas de la Inquisición- que el vetusto cardenal Juan Luis Cipriani se empeña en mantener viva contra viento y marea.

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© Mario Vargas Llosa, 2002.
© Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Diario El País, SL, 2002.

Thursday, October 7, 2010

Jueves de tríos: Con "A" de Agnóstico

El ser agnóstico tiene una connotación bastante fea para muchos, pues se les considera demasiado débiles y cobardes como para adjudicarse una postura determinada respecto a la existencia de Dios y su creencia en este. Por un lado son considerados tan herejes por los creyentes, mientras que los ateos confesos los miran por encima del hombro.

Esto se debe en gran parte a que el agnosticismo es percibido como un punto medio entre el teísmo y el ateísmo, y quien se considere como tal es por lo tanto alguien no solo equivocado, sino alguien sin el valor como para tener un modo de vida de acuerdo a una creencia o falta de la misma. Sin embargo esa percepción me parece un tanto arbitraria y vacía, pues no contempla la diferencia entre el saber y el creer.

Me gustaría explayarme sobre esto, lo cual haré en el futuro. Algo que sí me gustaría dejar en claro desde ahora es lo inútil que me parecen las peleas entre ateos y agnósticos, especialmente cuando estas escalan a un nivel en el que los argumentos se reducen a gritos de “ignorante” o “arrogante”. Y es que en la práctica, ambos buscamos objetivos similares.

Es así que les presento tres grandes personajes que se han definido como agnósticos y son indudablemente admirables e inteligentes.


Thomas H. Huxley
Huxley fue un biologo inglés que jugó un rol importante en la divulgación de la recientemente propuesta teoría evolutiva de Darwin, tanto así que se le llamó “El Bulldog de Darwin”. Huxley usó el término “agnóstico” por primera vez para describir su postura teológica:

“El agnosticismo no es un credo, sino un metodo, una esencia en la cual yace la vigorosa aplicación de un simple principio. El principio puede ser expresado positivamente: en asuntos intelectuales, sigue tu razón tan lejos como te lleve, sin importar ninguna otra consideración. Y negativamente: en asuntos intelectuales, no pretendas que son ciertas las conclusiones que, o no han sido demostradas o directamente no son demostrables.”


A pesar de su escepticismo ante la teoría de la selección natural, Huxley llegó a ser uno de los más importantes próceres de la secularización europea. A pesar de considerarse agnóstico, Huxley se encontraba totalmente en contra de toda encarnación de religión organizada.

¿Por qué me agrada Huxley? En su tiempo y con lo recientemente propuesta que era la teoría de la evolución, Huxley la tomó escepticamente, para luego dedicarse a defenderla ante otras ideas que difícilmente daban las respuestas que daba la teoría evolutiva.


Carl Sagan
Sagan es una de las figuras más importantes de la ciencia y la divulgación de esta. Tal como explica en uno de sus libros, a Sagan le parecía perverso el saber algo que le parecía tan formidable y no salir a contárselo al mundo. Y a pesar de eso, Sagan nunca se consideró un ateo.

“Un ateo tiene que saber más de lo que yo sé. Un ateo es alguien que sabe que no existe ningún Dios. En algunas definiciones, el ateísmo es bastante estúpido”

Yo no creo que el ateísmo sea estúpido, pero que el sacar conclusiones sin una correcta interpretación de los términos se acerca bastante a lo estúpido. Como dije anteriormente, el ateísmo, agnosticismo y el teísmo no se encuentran en una recta que mide el grado de creencia en Dios. Tal como yo lo veo, el gnosticismo/agnosticismo (es decir, el conocimiento) vendría a ser un eje X de un plano cartesiano, mientras que el teísmo/ateísmo (la creencia) sería el eje Y de dicho plano.

Espero poder hacer un gráfico en español para poder ilustrar eso mejor.

Sagan deja clara su postura no solo en esa entrevista (no faltó el ateo fanático que me dijera que podría haber sido trucada), sino que también es algo presente en su libro “The Demon Haunted World”

“La doctrina religiosa que se aparta de la posibilidad de ser probada cierta o falsa tiene poco que preocuparse del avance de la ciencia. La gran idea, común en muchas religiones, de un creador del universo es una de esas doctrinas, difíciles de probar o negar”

Para ilustrar mejor este punto, Sagan explica como podríamos percibir la cuarta dimensión.



Entender la existencia de dios bien podría ser como tratar de entender el objeto tridimensional siendo nosotros bidimensionales. Por supuesto, eso no quiere decir que haya que pensar que tales objetos tridimensionales existen y peor aun, hacer como que los entendemos.

Pienso que por más que Sagan se haya definido como agnóstico, hoy en día tendría metas similares con los ateos más reconocidos, metas que incluyen el darle a la ciencia su lugar en la sociedad y combatir la superchería y pseudociencias debito al daño que estas hacen.

Mario Vargas Llosa
Y es por él que se me ocurrió escribir sobre agnósticos notable hoy. Mario Vargas Llosa, gran escritor e intelectual peruano, recibió hoy el premio Nobel de Literatura. Vargas Llosa representa para muchos una derecha extrema, mientras que para otros es un vendido a los liberales sociales que simpatizan con terroristas y comunistas. Es decir, los imbéciles de ambos extremos lo odian. Eso me agrada.

También me agrada leer sus libros. Si bien su estilo puede ser un tanto complicado debido a los saltos espacio-temporales que hace, una vez que el lector se ubica, notará que lee una gran obra

A pesar de haber representado a un partido de la derecha en las elecciones presidenciales de 1990, Vargas Llosa no es un católico tradicional, sino un agnóstico:

"El no ser un creyente fue motivo de preocupación, acaso de angustia, para los católicos que me apoyaban, en el Movimiento Libertad y en el Partido Popular Cristiano, sobre todo aquellos que no eran, como la mayoría de los que yo conocía, creyentes rutinarios, laxos, puramente sociales, sino que se esforzaban por vivir en coherencia con los dictados de su fe. Conozco pocos católicos de esta índole y don Ernesto Alayza Grundy es uno de ellos." (pp. 126-127)

Al comenzar mi actividad política, adelantándome a lo que, era evidente, mis adversarios tratarían de explotar a fondo en los meses y años siguientes, expliqué en una entrevista con César Hildebrandt que yo no era creyente, tampoco un ateo, sino un agnóstico, pero que no discutiría en la campaña sobre religión. Pues las creencias religiosas, como las amistades, la vida sexual y sentimental pertenecen al dominio de lo privado, deben ser rigurosamente respetadas y en ningún caso convertidas en materia de debate público. Precisé también que, como era obvio, quien gobernase el Perú, cualesquiera que fuesen sus convicciones, debía ser consciente de que la gran mayoría de peruanos eran católicos, y actuar con el debido respeto para con esos sentimientos. (p. 127)

(Sacado de su auto biografía "El Pez en el Agua")

Ciertamente me complace el ver que alguien a quien admiro y con quien concuerdo (yo y muchos más, debido a su increíble obra) sea alguien tan razonable.

En fin, estos son tres agnósticos que me parecen admirables y dignos de reconocimiento. Y recalco, que por más que esquiven la etiqueta de ateos, en general, somos no creyentes que compartimos metas similares. Si lo que se quiere es alcanzarlas, pelearnos entre nosotros no viene a ser más que dispararnos a los pies.

Tuesday, June 22, 2010

El Vaticano, luego de morir Saramago

La semana pasada el escritor portugués José Saramago murió. La noticia fue bastante comentada y lamentada, tanto, por sus lectores (Saramago recibió el premio de literatura en 1988) como por quienes compartían su falta de creencias. Saramago era un ateo confeso y acérrimo crítico de la iglesia católica.

Por esto, a pocos días de su muerte, era de esperarse que la una, santa, apostólica y romana se jamoneara con su partida:


El Vaticano arremetió contra Saramago un día después de su fallecimiento

El día después de la muerte del literato, el rotativo vespertino de la Santa Sede publicó un duro obituario bajo el título “La omnipotencia (presunta) del narrador”, firmado por Claudio Toscani y en el que repasa la vida del Premio Nobel de Literatura 1998, quien fue muy crítico con el catolicismo.

[...]


“Por lo que respecta a la religión, atada como ha estado siempre su mente por una desestabilizadora intención de hacer banal lo sagrado y por un materialismo libertario que cuanto más avanzaba en los años más se radicalizaba, Saramago no se dejó nunca abandonar por una incómoda simplicidad teológica”, afirma el artículo.

“Un populista extremista como él, que se había hecho cargo del porqué del mal en el mundo, debería haber abordado en primer lugar el problema de todas las erróneas estructuras humanas, desde las histórico-políticas a las socio-económicas, en vez de saltar a por el plano metafísico”, prosigue.

Ciertamente no esperaba que el Vaticano le rinda homenajes o algo así. Hubiera quedado muy, muy bacán el que se diese un mensaje tipo "Saramago fue un hombre que a pesar de sus excesivas críticas, nos dio la oportunidad de auto analizarnos y tratar de mejorar." Total, el tipo ya está muerto. Eso lo habría hecho alguien de mucha clase y ética. Pero la iglesia católica no es ese tipo de institución.

Quienes sí lamentaron la muerte del escritor y lo demostraron en un evento mundial fueron los jugadores de la selección portuguesa:


La selección portuguesa derrotó a Korea del Norte por un aplastante 7 a 0. Si existe un dios que, al igual que el Vaticano está amargo con Saramago, ciertamente no habría ofrecido tal victoria. O quizás Dios ayudó por tal gesto. O quizás, simplemente, no se inmiscuye ni le interesan nuestros asuntos.

Sunday, October 25, 2009

El evangelio según Saramago

Criticar a la iglesia siempre es una empresa riesgosa, sin importar quien lo haga o en donde lo haga. Pero es algo que necesita hacerse, y aunque las distintas iglesias deseen ser intocables, siempre existirá alguien con los huevos bien puestos para decirles un par de verdades.

Quien últimamente ha estado causando revuelo al darle con palo a la iglesia es autor portugués José Saramago.


"El Dios de la Biblia es vengativo, rencoroso; no es de fiar...en la Biblia hay crueldad, incestos, violencia de todo tipo, carnicerías. Esto no se puede desmentir"

Hace unos días Saramago presentó su novela Cain, la cual relata de una forma crítica y hasta graciosa la historia del rechazado por Dios, al cual se le dio el poder de la inmortalidad y con el cual pudo ser testigo de la tiranía de Dios. Anticipándose al berrinche que ocasionaría este libro en los creyentes, Saramago declaró que:

"Algunos tal vez lo harán -explica Saramago-, pero el espectáculo será menos interesante. El Dios de los cristianos no es ese Jehová. Es más, los católicos no leen el Antiguo Testamento. Si los judíos reaccionan no me sorprenderé. Ya estoy habituado. Pero me resulta difícil comprender cómo el pueblo judío ha hecho del Antiguo Testamento su libro sagrado. Eso es un chorro de absurdos que un hombre solo sería incapaz de inventar. Fueron necesarias generaciones y generaciones para producir ese engendro".

No creo que sea el caso de que los católicos no lean el antiguo testamento. Si bien los católicos en general son bastante más hipócritas y relajados con sus creencias, hay quienes leen y se creen el chorro de absurdos que el AT propone. Sin embargo, por lo general lo hacen “poniéndolo en contexto”, lo cual siempre resulta en un Dios bueno y amoroso que luego pone el parche mandando a su hijo. Si la iglesia católica quiere poner “en contexto” algo, que sea todo y no solo aquello que sea demasiado disparato como para andar creyendo a estas alturas, aunque haya sido lo normal hace 500 años.

A pesar de Saramago creer que la iglesia católica no se vaya a ofender, esta no ha perdido oportunidad de lloriquear y de hacerse la víctima. Saramago declaró durante la presentación de su libro que "La Biblia es un catálogo de crueldad y de lo peor en la naturaleza humana", a lo cual obtuvo una rápida respuesta:

Fray Manuel Morujao, vocero de la iglesia católica portuguesa, respondió diciendo que las declaraciones del autor eran “ofensivas” para el culto de la gente.

En esto no puedo estar totalmente de acuerdo con Saramago. La Biblia tiene muchos pasajes que reflejan una crueldad increíble por parte del dios que supuestamente la inspira, pero también se pueden encontrar algunos valores, los cuales bien pueden ser tomados en cuenta. El asunto es que a las iglesias cristianas les gusta el simplemente enfocarse en lo bueno que podría tener este libro y descartando lo vergonzoso, pero aun así tomar la biblia como una guía moral. Eso se llama hipocresía.

Pasando a las declaraciones de Morujao, estas son las típicas del religioso ofendido al alguien haber osado criticar su objeto de culto. Las críticas de Saramago son ofensivas hacia la biblia, que es lo que él está criticando, no a los creyentes. Por supuesto, a esta gente le encanta hacerse la víctima por cualquier, especialmente al no gozar más del poder de quemar gente en la hoguera, y más aun, al ser el crítico alguien de renombre.

Más aun, Saramago no perdió la oportunidad de criticar a Ratzinger:
"Que Ratzinger tenga el valor de invocar a Dios para reforzar su neomedievalismo universal, a un Dios que jamás ha visto, con el que nunca se ha sentado a tomar un café, demuestra solamente el absoluto cinismo intelectual del personaje"
También añadió algunas palabras criticando la prepotencia con que la iglesia esparce su mensaje:
"A las insolencias reaccionarias de la Iglesia católica hay que responder con la insolencia de la inteligencia viva, del buen sentido, de la palabra responsable. No podemos permitir que la verdad sea ofendida todos los días por presuntos representantes de Dios en la tierra a los que en realidad sólo interesa el poder"

En fin, Saramago ya anda acostumbrado a estas lides. En 1992 su libro “El Evangelio Según Jesucristo” causó igualmente las iras de la iglesia. Como siempre, a menos que sea algo que se arrodille y le chupe la verga a la iglesia, esta reaccionará negativamente. Seamos pues insolentes al usar la inteligencia y el sentido común para denunciar las insensateces que la iglesia católica y en general las religiones ambiociosas de poder pregonan
"Que esté permitido a cada uno pensar como quiera; pero que nunca le esté permitido perjudicar por su manera de pensar" Barón D'Holbach
"Let everyone be permitted to think as he pleases; but never let him be permitted to injure others for their manner of thinking" Barón D'Holbach