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Thursday, January 27, 2011

Los curas, Vargas Llosa y el matrimonio gay

Se avecinan elecciones en Perú y ya varios candidatos han empezado a mostrar sus cartas. Como es de esperarse en un mundo que apunta hacia el futuro, una de estas es la del matrimonio homosexual. Y como es de esperarse, los anacrónicos representantes de la iglesia católica han hecho escuchar sus intolerantes ladridos dejando bien en claro su deseo de perpetuar a los gays como ciudadanos de segunda clase.

El cabecilla de la iglesia católica en el Perú, el cardenal Juan Luis Cipriani, empezó declarando que el matrimonio es de uno y una para toda la vida, aunque haya gente que proponga diversas cosas, no son católicas, no están en el orden natural, por lo tanto debemos seguir promoviendo y respetando esa institución del matrimonio. No se debe rebajarlo ofreciéndolo como ganga política para ver quien se suma”; esto ante la propuesta del partido Perú Posible de considerar la unión entre dos personas del mismo sexo.

Obviamente para Cipriani no existe una separación entre iglesia y estado, y definitivamente el concepto de estado laico no existe en su mente. El cardenal cree que, como en la colonia, todo el Perú es católico, o debería serlo.

Más aun, luego añadiría que "el que quiera que haya aborto que lo diga, el que quiera matrimonio gay que lo digan, para que los votantes sepan a quién dan su voto". Por alguna razón pienso que esto no va con afán informativo, sino simplemente con la idea de saber hacia quién apuntar los misiles eclesiásticos.

Pero la cosa no quedó ahí. El obispo Luis Bambarén, demostrando la clásica malcriadez e intolerancia de la iglesia católica, sostiene que a los homosexuales deberían dejar de decirseles “gays” para usar el término “maricones”, pues así se les dice "en criollo".

Si es así, entonces podemos empezar a dejar de decirles "sacerdotes" a estos, y empezar con "protectores de pedófilos".

Ante tanta basura, cortesía de la iglesia católica, siempre es bueno refrescar la mente con algo más intelectual, centrado y, enfrentémoslo, sensato. En el 2005 Mario Vargas Llosa escribió un excelente artículo sobre el matrimonio gay.

El matrimonio gay
Por Mario Vargas Llosa

Luego de Holanda y Bélgica, España será en estos días el tercer país en el mundo que habrá legalizado el matrimonio entre personas del mismo sexo, con todos los deberes y derechos incluidos, entre ellos el de poder adoptar niños. Es un extraordinario paso adelante en el campo de los derechos humanos y la cultura de la libertad que muestra, de manera espectacular, cuánto y qué rápido se ha modernizado esta sociedad donde, recordemos, hace unos cuantos siglos los homosexuales eran quemados en las plazas públicas y donde, todavía en los tiempos de la dictadura de Franco, la homosexualidad era considerada un delito y reprimida como tal.

Esta medida es un acto de justicia, que reconoce el derecho de los ciudadanos a elegir su opción sexual en ejercicio de su soberanía, sin ser discriminados ni disminuidos por ello, y que reconoce a las parejas homosexuales el mismo derecho de unirse y formar una familia y tener descendencia que las leyes reconocen a las parejas heterosexuales. Aunque esta medida constituye un desagravio a una minoría sexual que a lo largo de la historia ha sido objeto de persecuciones y marginaciones de todo orden, obligando, a quienes la conformaban, a vivir poco menos que en la clandestinidad y en el permanente temor al descrédito y al escándalo, ella no bastará para cancelar de una vez por todas los prejuicios y falacias que demonizan al homosexual, pero, sin la menor duda, constituye un gran avance hacia la lenta, irreversible aceptación por el conjunto de la sociedad -por la gran mayoría, al menos- de la homosexualidad como una manifestación perfectamente natural y legítima de la diversidad humana.


La ley, como era lógico que ocurriera, ha tenido adversarios encarnizados y ha generado movilizaciones diversas, entre ellas, en Madrid, una multitudinaria manifestación, convocada por distintas asociaciones católicas, respaldada por la jerarquía de la Iglesia, a la que asistieron dieciocho obispos y a la que dio su respaldo el Partido Popular, el principal partido de la oposición al Gobierno de Rodríguez Zapatero. Pero todas las encuestas son inequívocas: casi dos terceras partes de los españoles aprueban el matrimonio gay, y, aunque esta aprobación disminuye algo en las adopciones de niños por las parejas homosexuales, también este aspecto de la ley es convalidada por una mayoría. Buen indicio de que la democracia ha echado raíces en España y de que, por más denostada que esté de la boca para afuera, la cultura liberal va impregnando poco a poco a la sociedad española.


Los argumentos contra el matrimonio gay no resisten el menor análisis racional y se deshacen como telarañas cuando se los examina de cerca. Uno de los más utilizados ha sido el de que, con esta medida, se da un golpe de muerte a la familia. ¿Por qué? ¿De qué manera? ¿No podrán seguir casándose y teniendo hijos todas las parejas heterosexuales que quieran hacerlo? ¿Alguien, con motivo de esta nueva ley, va a forzar a alguien a no casarse o a casarse de manera distinta a la tradicional? Por el contrario, la ley, al permitir a las parejas gays contraer matrimonio y adoptar niños, va a inyectar una nueva vitalidad a una institución, la familia, que -¿alguien no lo ha advertido todavía?- padece desde hace ya un buen tiempo una profunda crisis en la sociedad occidental, al extremo de que, contabilizando el número de divorcios que crece cada año y la multiplicación de parejas de hecho que rehúsan resueltamente pasar por el altar o por el registro civil, hay quienes le auguran una obsolescencia irremediable. La paradoja es que, probablemente, sólo entre los homosexuales, que, como todas las minorías perseguidas desean ardientemente salir del gueto en que la sociedad los ha confinado, despierta la familia esa ilusión y ese respeto que en un número muy grande de heterosexuales, sobre todo entre los jóvenes, parece haber perdido. Por eso, no hay ninguna ironía en decir -yo lo creo firmemente- que es muy posible que, dentro de veinte o treinta años, las familias más estables las descubran las estadísticas entre los matrimonios gays.


Un prejuicio idéntico sostiene que los niños adoptados por parejas homosexuales sufrirán y tendrán una formación deficiente y anómala, ya que un niño para ser "normal" necesita un padre y una madre, no dos padres o dos madres. A esta afirmación dogmática y sin el menor sustento psicológico, ha respondido Edurne Uriarte de manera inmejorable: un niño lo que necesita es amor, no abstracciones. También padecen de una ceguera contumaz quienes no se han enterado de que, entre las parejas heterosexuales, cada día se descubren casos atroces de violencias ejercidas contra los niños, y, entre ellas, sinnúmero de abusos sexuales. Que los padres sean hetero u homosexuales no presupone de por sí nada; cada pareja es única y puede ser admirable o tiránica, amorosa o cruel en lo que concierne a la educación de sus hijos. Y también en este campo cabe suponer que entre quienes han luchado tanto por poder adoptar niños, ahora que lo han adquirido, asumirán este derecho con ilusión y responsabilidad.


En verdad, detrás de todos estos argumentos no hay razones, sino prejuicios inveterados, una repugnancia instintiva hacia quienes practican el amor de una manera que siglos de ignorancia, estupidez, oscurantismo dogmático y retorcidos fantasmas del inconsciente, han satanizado llamándolo "anormal". En verdad, la ciencia -la biología, la antropología, la psicología, la historia, sobre todo- ha puesto las cosas en su sitio ya hace tiempo y establecido que hablar de "anormalidad" en el dominio de la vocación sexual de los seres humanos es riesgoso y alienante. Salvo casos extremos, que entrañan criminalidad, y que de ninguna manera se pueden identificar con una opción sexual específica, en el universo del sexo hay variedades, una constelación de vocaciones y predisposiciones de las que de ninguna manera da cuenta cabal la demarcación entre heterosexualidad y homosexualidad, pues se refracta y multiplica en el seno de cada una de estas grandes opciones, como ocurre en tantos otros campos de la personalidad individual: las aptitudes, las preferencias, los gustos, las incompatibilidades, las facultades físicas e intelectuales, etcétera.


El Gobierno que ha dado esta ley en España es socialista y hay que reconocerle todo el mérito que ello tiene. Pero, para evitar confusiones, conviene re-cordar que se trata de una medida de profunda entraña democrática y liberal, y nada socialista. El socialismo ha sido a lo largo de toda su historia, en materia sexual, tan puritano y prejuicioso como la Iglesia católica. Si de él hubiera dependido, la gazmoñería y la pudibundez hubieran dictado la norma aceptable en materia de costumbres sexuales y ésta se hubiera impuesto a la sociedad por la fuerza. Por eso, en las sociedades comunistas, la discriminación y persecución del homosexual fue, en ciertos periodos, tan feroz como en la Alemania nazi, donde en las cámaras de la muerte de los campos de concentración perecieron muchos millares de homosexuales. También en el Gulag soviético padecieron y murieron gran número de seres humanos cuyo único delito era practicar una opción sexual que la "ciencia comunista" del temible Pavlov consideraba una perversión "urbano-burguesa". Carlos Franqui cuenta en alguna parte que, cuando él, como director del diario Revolución, asistía a los consejos de ministros de Cuba, a principio de los años sesenta, Fidel y sus lugartenientes preguntaron a los "países hermanos" qué política aconsejaban para enfrentar "el problema homosexual". La respuesta de la China Popular de Mao Tse Tung fue la más meridiana: "Ya no tenemos ese problema. Los fusilamos a todos". Sin llegar a esos extremos, Fidel creó las UMAP (Unidades Movilizables de Apoyo a la Producción), es decir, campos de concentración donde eran acarreados homosexuales de ambos sexos junto con criminales comunes y disidentes políticos.

Han sido las sociedades democráticas, impregnadas de cultura liberal, como los países escandinavos y los Estados Unidos, donde se ganaron las primeras batallas contra la discriminación de los gays y donde, poco a poco, se les ha ido reconociendo tal cual son: seres humanos normales y corrientes cuya opción sexual debe ser aceptada y reconocida como perfectamente legítima por el conjunto de la sociedad.

Es difícil, para mí, entender las razones por las que el Partido Popular ha apoyado la manifestación contra el matrimonio gay. Aunque es verdad que su dirigente máximo no asistió, y que tampoco estuvieron presentes sus principales líderes, que el partido la hubiera respaldado sólo puede haber contribuido a confundir y lastimar no sólo a los homosexuales que hay en sus filas sino, sobre todo, a su sector liberal, y a dar argumentos a quienes lo presentan como una formación política ultraconservadora. El oportunismo político da beneficios muy pasajeros y superficiales. Hay muchas razones para criticar al Gobierno de Rodríguez Zapatero. Su desastrosa política internacional, por ejemplo, que ha abolido a España de la escena mundial, donde llegó a tener influencia y a figurar entre los países de vanguardia. Sus ventas de armas al Gobierno demagógico del comandante Chávez, en Venezuela, que alienta y subvenciona grupos subversivos. Su acercamiento, que linda con la alcahuetería, a la satrapía de Fidel Castro, a la que trató de salvar de la condena que ha merecido de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. O sus concesiones sistemáticas a los nacionalismos, que rompen una tradición de defensa de la unidad de España del socialismo democrático de la que el Gobierno de Felipe González nunca se apartó. Pero no tiene sentido atacar a un Gobierno por todo lo que hace y, mucho menos, por haber hecho avanzar, con esta ley, la democratización y modernización de la sociedad española.

5 comments:

  1. Yo también escribí una que otra cosa respecto al tema. Cipriani siempre dice los comentarios y propuestas más interesantes y por supuesto, anticonstitucionales según la Constitución de 1993. Pero al pareccer nadie se da cuenta y nadie le dice nada de frente. No sé por qué estos obispos de pacotilla no entienden que el Perú no es un reino católico o una tocracia, aunque por supuesto, les encantaría la idea... Mario Vargas Losa demuestra de nuevo su inteligencia, a pesar de que varios pueden estar en desacuerdo con alguna de sus ideas, no podemos negar que es una persona centrada y que observa la evidencia antes de opinar. Lástima que no todos los peruanos sigan el mismo proceso.

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  2. Parece que la Iglesia Catolica no ha entendido que nadie esta pidiendo el matrimonio religioso gay, sino la union (o matrimonio) civil; es decir, un marco legal que ampare temas de patrimonio y herencias, ademas de la posibilidad de tomar decisiones a niveles medico y legal.
    La homosexualidad, asi como la religion, son opciones.
    Pedir (o aceptar) las opiniones de la iglesia Catolica sobre el tema de la homosexualidad es como aceptar y hacer ley la opinion de los homosexuales con respecto al celibato o la obligatoriedad de ir a misa. Si los sacerdotes quieren ser celibes, que lo sean, y si los homosexuales quieren unirse legalmente, que lo hagan.
    La iglesia (todas) deberia ubicarse: pueden emitir opinion, y sus seguidores aceptar y seguir esa opinion, pero no pueden obligar a nadie.
    El estado debe velar por los intereses de todos los ciudadanos, independientemente de la doctrina de un sector (cada vez mas pequeño y menos influyente) de la sociedad.

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  3. Pienso que lo que los homosexuales anhelan, esta mas arraigado en el hecho de querer lograr algo que se les prohibe o les es negado, antes que el deseo sincero de querer casarse o de tener hijos (adoptivos). Al margen de los beneficios legales que esto trae consigo. Acaso no es cierto que actualmente en la sociedad hay menos personas que quieren casarse? o que tambien hay menos parejas que quieren tener hijos(sobretodo en Europa)?.
    Entonces el anhelo de los gays como que contradice un poco la corriente de la sociedad actual ,no creen?. Si en todo el mundo fuera posible que los gays se casaran o adopten hijos, quiza al poco tiempo veremos como ellos se amoldan a la tendencia de la sociedad actual y ya no les interezaran casarse ni tener hijos tampoco.

    Asi que lo que afirma Vargas Llosa, que permitirles a los gays lo que anhelan "inyectaria mas vitalidad a la institucion social llamada familia" , creo que esta equivocado.
    Pienso que simplemente seria algo que los gays lograrian en la sociedad pero no creo que tenga mucha trascendencia en ella. Al menos no tanto como para ellos(as).

    Es como todo lo humano. Uno siempre ansia lo que no puede o lo que le es negado hasta que lo consigue. Despues pierde el interes y buscara otras cosas que anhelar. Todos somos asi.

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  4. Claro, igual que los esclavos en cualquier lugar del mundo. Anhelaban la libertad sólo porque no la tenían, pero una vez que la consiguieron... se aburrieron y ya no la quieren.

    ¿Realmente pueden ser tan vagos estos argumentos? El tema de fondo es la igualdad. Sentirse con los mismos derechos es importante. Si los gays caen en la misma tendencia de divorciarse al poco tiempo, qué importa. La solución a eso no es impedirles el matrimonio. La solución será otro tema. Lo importante ahora es nivelar nuestros derechos.

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  5. Basta con que un grupo de personas pida un derecho básico para que este tenga que ser otorgado, sin importar la tendencia de la sociedad. Si lo que deseamos es una sociedad igualitaria, entonces no podemos simplemente ignorar el pedido de estos, así sean pocos.

    Durante los 60s en USA los negros pedían el derecho de ser tratados como iguales en los buses y poder sentarse en cualquier lado, muy a pesar de que hubiese una tendencia a comprar un coche propio. Basta con que reclamen un derecho básico.

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"Que esté permitido a cada uno pensar como quiera; pero que nunca le esté permitido perjudicar por su manera de pensar" Barón D'Holbach
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